Comunidad y cultura sorda

Tradicionalmente, han existido dos perspectivas sobre las personas sordas que han tomado diferentes formas según las épocas:

  • Un punto de vista que se ha denominado clínico, cuya referencia es el déficit de audición y la intervención rehabilitadora.
  • Un punto de vista sociocultural, que considera que la sordera da lugar a una forma diferente de percibir y vivir el mundo que ha tenido como consecuencia el desarrollo de las lenguas de signos y la formación de comunidades de personas sordas con una historia y una cultura propias.

Estos dos puntos de vista han funcionado como enfrentados. El primero, el clínico, ha sido habitualmente la mirada desde fuera; el segundo, la mirada de las propias personas sordas.

Históricamente, las personas sordas han sido definidas desde fuera, desde la mirada de la sociedad oyente, una mirada que las infravaloraba. En los últimos años del siglo XX las personas sordas realizaron un enorme esfuerzo de reflexión colectiva sobre su historia, su lengua y su cultura y comenzaron a hablar sobre sí mismas y a defender su identidad frente a las definiciones externas. Empezó a concebirse la lengua de signos como el resultado del proceso de mutua interacción entre biología y cultura en el ser humano, como una adaptación creativa a una limitación sensorial.

La identidad sorda ha sido construida en torno a cuatro ideas fuerza: comunidad, lengua, cultura e historia. En el proceso de construcción destacan varios hitos clave: el primero, cuando William C. Stokoe publica su obra Sign Language Structure (1960), en la que demuestra que las lenguas de signos son lenguas naturales, que poseen las mismas características lingüísticas que las lenguas orales. El segundo, el X Congreso de la Federación Mundial de Personas Sordas (WFD), celebrado en Helsinki en 1987, en el que por primera vez se exige el reconocimiento por los Estados de las lenguas de signos como lenguas naturales de las personas sordas. El tercero, las movilizaciones estudiantiles de la Universidad Gallaudet en 1988, que son el inicio de un proceso de debate y reflexión dentro de la Comunidad Sorda de EEUU que paulatinamente se extiende a otros países.

En España, la perspectiva sociocultural toma relevancia en la década de los 90, siendo su punto de referencia las Jornadas sobre nuestra Identidad celebradas en Madrid, en marzo de 1992, con participación de ponentes sordos de otros lugares del mundo.

La Comunidad Sorda está dotada de una estructura asociativa con tupidas redes de relaciones, articuladas alrededor de entidades organizadas y cultura propia. Cultura en el doble sentido de sistema de creencias, valores, prácticas compartidas y de producciones culturales tales como narraciones, cuentacuentos, humor, juegos de palabras, poesía en lengua de signos; artes dramáticas y mimo; escultura, pintura, fotografía y cine que tratan sobre las experiencias de las personas sordas.

Es una comunidad viva, variada y abierta a todo tipo de personas que tiene como elemento central su lengua de signos. En España, la ley 27/2007, de 23 de octubre, hace mención a la "comunidad lingüística de las personas usuarias de la lengua de signos española".